miércoles, 3 de junio de 2009

Introducción del relato común

Cuando Gabriel salió a la calle, apuró su cigarro y lo dejó caer en un charco. Llevaba todo el maldito día lloviendo. Y el anterior. Y el anterior. A decir verdad, no recordaba qué día había empezado a llover. "Qué asco de tiempo". En cuestión de diez segundos, su gabardina estaba completamente empapada, y empezó a plantearse seriamente ir a algún lado. ¿Pero a dónde?. Miro a ambos lado del insulso callejón donde se encontraba. Nada. Un par de cubos de basura a un lado, y el casi imperceptible vapor de las alcantarillas. Muy típico. Se encogió de hombros ligeramente, y se dirigió hacia la salida. Una de esas calles tan concurridas a esas horas, con un montón de gente con traje y maletín que se movían de un lado para otro vete tú a saber para qué.

Sin embargo, nada más llegar a la altura de la carretera, Gabriel tuvo que cambiar de planes (o hacer unos) en cuestión de segundos. Un coche que no había visto frenó justo delante de él, salpicando lo suficiente como para que instantaneamente pensase en los familiares del conductor. Pero cuando reconoció la limusina negra que acababa de parar, pronto su cabeza dejó de barajar insultos para preocuparse de asuntos menos mundanos.

"Mierda".

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